Les tengo una gran estima y reconozco la importancia de su trabajo.

Es gracias a los viveristas que, nosotros los paisajistas, logramos proyectar hermosos jardines, utilizando esas especies raras que sólo ellos nos proveen. De esta manera también salvamos de la extinción muchas que son poco conocidas. Son ellos que crean esos injertos que a veces resultan insólitos, híbridos con nuevos colores y formas y semillas logradas debido a la búsqueda de nuevas variedades, mediante nuevos cruzamientos.

Desde niño siempre estuve próximo de ellos, pues mi abuelo era un incansable plantador de roseras y fue por eso que intenté cultivar plantas, aprendiendo con figuras memorables, como Leonardo Wolf, Arend Gerritsen Alejandro Vitale, pero percibí que no era mi fuerte y que no tenía paciencia para esperar por el tamaño ideal para usarlas en los jardines que proyectaba.

El cultivador disfruta del parto de la semilla y le dedica su tiempo acompañando la plantita para que sea saludable, cuida su nutrición, cura sus enfermedades y la disciplina para que pueda crecer dentro de lo que se espera.

Puedo afirmar que ellos actúan como pediatras y padres de estas plantas, dándoles un lugar en el escenario paisajístico. Fue así que percibí que mi verdadera vocación se centraba en reunirlas para que armonizasen entre sí.

Lo que no logro entender es cómo algunos paisajistas se privan de visitar viveros, teniendo así la posibilidad de ver de cerca el desarrollo de árboles y arbustos, su mejor momento de exposición al sol y otros aspectos que solo son notados a cielo abierto.

Al igual que otros profesionales, como estilistas, chefs de cocina, diseñadores y publicistas, nosotros los paisajistas buscamos la manera ideal de utilizar la materia prima – en nuestro caso las plantas – para conseguir un resultado inimitable. Hacemos esto de la misma forma que el estilista de moda cuando va a las fábricas textiles procurando el mejor tejido para su trabajo o el cocinero cuando corre atrás de un raro condimento. Los paisajistas deben buscar lo “único” que les permitan alcanzar un paisaje diferente a ser admirado.

Es muy simple comprar árboles, arbustos o cualquier otro elemento para el jardín en tiendas y mercados de distribución de plantas o flores, pero esto no es lo que hará diferencia en la obra, lo que debemos es buscar aquello inmejorable y peculiar, que seguramente lo encontraremos en los viveros y en los coleccionadores.

B I O G R A F I A

Argentino de Buenos Aires, vive en el Brasil desde 1970 y trabaja en el área de paisajismo hace 57 años. Proviene de una familia con 106 años de tradición en la jardinería y en los proyectos de paisajismo. En 1966 conquistó el primer premio en la II Exposición Hortícola Internacional,  realizada en Buenos Aires; en 1997, el segundo premio en el Concurso “Paulista Viva”  y el tercer premio en el  Concurso de “Revitalización del Centro de São Paulo”, haciendo parte del equipo del Urbanista José Moraes.

Dio cursos en la Fundação Maria Luiza y Oscar Americano, en el Instituto Biológico, Museu de Arte Moderna de São Paulo, Museu da Imagem e do Som, Escola Paulista de Paisagismo, Livraria Cultura, ANAB do Brasil e, atualmente, Sítio Roberto Burle Marx, Instituto Plantarum, Instituto Inhotim, Escola de Paisagismo de Brasília, etc.

Durante 7 años estuvo en el comando del programa “Jardins e Afins”, en la Radio Eldorado AM. Escribió “O Jardim Como Remédio” y “Um Jardim para Sempre”, además fue co autor de “Projetos dos Grandes Paisagistas Brasileiros”.

Es consejero de la ANP – Associação Nacional de Paisagismo, columnista de la revista Natureza, edita el blog “Jardim Cor”. En los últimos 10 años dio 140 conferencias y 265 clases en cursos en 43 ciudades de Brasil y en otras como Paris, (Association des architectes-paysagistes), Buenos Aires (Universidad de Buenos Aires) e San José y Costa Rica (Universidad Veritas).

  IP_foto_raulcanovas    Raul Cânovas                                                  

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